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Manos Girasoles

Saber recibir: Más sobre la reciprocidad emocional en las relaciones

Saber recibir es saber dar a quien te da. Recibir implica agradecer.

La reciprocidad emocional es la capacidad de recibir y dar emociones positivas, que permiten avanzar en la relación interpersonal. Es relacionarnos teniendo en cuenta a la otra persona, tener empatía. Es dar a la relación y hacer de ésta un entorno de desarrollo para todos, es ayuda mutua, recibes y das. Requiere empatía, tener en cuenta a la otra persona, atención a las necesidades propias y ajenas.

Saber recibir implica agradecer, y agradeces si valoras lo recibido, es reconocer lo que recibes, es sentir lo que recibes, es valorar que lo que se te da no es tuyo, que te lo da porque antes lo has recibido, y te lo dan no para que te lo quedes, sino para que te beneficies y beneficies a quien te da y a otros. Te lo dan para que te lo des y lo des. Por ello si recibo y no doy, si no sirvo a quien me sirve, en lugar de multiplicar y compartir lo recibido, lo manipularé de acuerdo solo a mis intereses. Además genero una deuda con quien me lo ha dado. Una deuda de dimensión extraordinaria y de consecuencias negativas para mi crecimiento, para mi bienestar personal y emocional.

Cuando la persona que recibe se aprovecha ella sola de lo recibido  sin reconocer la fuente , sin compartirlo ,sin darlo a otro, llegará el momento que no recibirá nada bueno de nadie, no tendrá a nadie que le refleje su parte buena. Esa persona se lo ha puesto muy difícil a si mima para evolucionar y ser feliz.

Para recibir hay que merecerlo, quererlo.

Hay una variante en esto de dar a la persona que no lo merece. Es cuando das a alguien y no lo quiere, o no te lo ha pedido porque no lo quiere.

Dar algo a alguien que no lo quiere es decirte por adelantado que no aprecia eso que tienes y que pones a su disposición. Ante esto, la clave es estar atento a las señales más o menos manifiestas y evitar dar. Pues si das a personas que no lo quieren e insistes y sigues dando, no solo cae en saco roto, sino que le mantienes una forma d recibir sin dar (es el “que me las den todas”), y si le viene bien refuerzas su desagradecimiento.

Y los regalos?

Los regalos son obsequios por algún motivo. Ese motivo es un reconocimiento, una muestra de afecto, una muestra de generosidad, si bien creo que es importante que se siga los mismos criterios que en la reciprocidad en el servicio señalados anteriormente, es decir, regalar a quien lo merece, lo valora y es capaz de hace algo con ello útil y provechoso para el mismo, para el que ha regalado y para otros.   Cualquier regalo tiene en sí mismo una esencia, un sentido que ha de ser compartido. Por ejemplo un sencillo regalo como un bolígrafo, puesto al servicio de otros seguro que en algo podrás beneficiar, por ejemplo escribiendo o prestándolo o comunicando lo bien que te está viniendo para hacer tal tarea, lo bien que te sientes cuando escribes con él.

Creo que detrás de todo lo que damos a nivel de comportamiento hay unas emociones que estamos aportando, y conviene preguntarse por ellas. Pues lo que damos a nivel material tiene detrás un motivo, una emoción una creencia o idea y un sentido. Por eso la forma en la que uno puede dar una vez que ha recibido, o servir una vez que ha sido servido, es de cualquiera de estas formas. Por ejemplo una persona puede recibir un comportamiento de alguien que le presenta a nuevas personas con las que relacionarse y ello le proporciona alegría, compañía, diversión… Para servir puede dar otras formas o comportamientos que consigan lo mismo. Por ejemplo invitarle a un sitio nuevo donde saben que van a recibir diversión, alegría, compañía.

En resumidas cuentas la reciprocidad en general, y la emocional en particular, es una garantía no solo de relaciones saludables sino también lo es del avance y mejora en el desarrollo emocional de nosotros mismos y de nuestro entorno.  La ayuda mutua asociada a la reciprocidad emocional elevada a la enésima potenciada tiene como resultado, sin duda, un mundo mejor.

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